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SEDE MUNDIAL GNOSIS

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Hermosillo, Sonora
sede.mundial.icglisaw@
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Enseñanzas de la V.M. Litelantes
                                       
ENSEÑANZA BÁSICA
En este apartado se ha procurado resumir los aspectos más importantes de la enseñanza que nos legara nuestra bendita Maestra Litelantes. Solamente enunciaremos tales aspectos, pues el Maestro los desarrolla ampliamente a través de su obra.
En realidad ella hablaba de la misma enseñanza del Maestro Samael y no encontraremos diferencia, sólo que enfatizaba los puntos más importantes para seguir y persistir en este camino a la vez dulce y amargo.
1. Estudio, meditación y oración
Su triple consejo inicial era el siguiente: Lean los libros del Maestro, mediten y pídanle a su Padre.
El estudio del Quinto Evangelio no debemos descuidarlo, pues sucede que tenemos los libros del Maestro y normalmente nos conformamos con darle una primera lectura y con tener los libros en nuestra biblioteca, creyendo que así ya hemos asimilado la enseñanza.
En realidad se trata del Quinto Evangelio, según el propio Maestro Samael declara, por lo que merece su estudio y lectura sistemática.
Muchas veces los evangélicos o protestantes nos ponen el ejemplo, pues estudian persistentemente los textos sagrados, y así los vemos que si van en el autobús van leyendo la Biblia, lo mismo hacen si están esperando el autobús, en su casa, etc.
Nosotros tenemos el Quinto Evangelio, que revela las claves de interpretación, que explica los otros cuatro Evangelios así como el Antiguo Testamento —y todos los libros sagrados de la humanidad— y en verdad que desaprovechamos esta oportunidad magnífica debido a nuestra incuria o pereza.
Son 56 obras formales las que escribió el Venerable Maestro Samael Aun Weor, 14 folletos y más de 200 conferencias —algunas ya transcritas y otras en audiocassettes— que componen el Quinto Evangelio, así que material tenemos sobrado, sólo falta dedicarnos de corazón a su estudio.
Tal como sucede en la escuela o la universidad, donde se requiere leer y releer los libros de texto para lograr una mejor comprensión, igualmente necesitamos releer y volver a leer la obra del Venerable Maestro Samael Aun Weor.
Así nos daremos cuenta de que con las nuevas lecturas de la obra vamos encontrando aspectos que en la primera ocasión pasaron desapercibidos, o no nos parecieron tan importantes; es cuestión de estudiar con cariño la obra del Maestro.
La meditación y la oración eran puntos sobre los que la Maestra insistía fuertemente, y en esta obra se les dedican los dos siguientes capítulos.
2. Voluntad y buena voluntad
Un punto importantísimo para la Maestra era desarrollar la voluntad e insistía en que nosotros no teníamos la suficiente voluntad, decisión, que abandonábamos la partida fácilmente, o como dice el refrán mexicano: Tenemos salida de caballo y parada de burro; perdonando ustedes el refrán, quizá coloquial pero bastante ilustrativo.
En cierta ocasión un estudiante le dijo que tenía muchos problemas con el Gran Arcano, que casi siempre caía, pidiendo consejo sobre cómo hacer para no caerse, a lo que la Maestra le respondió: ¡No queriendo! En efecto, si no se quiere caer desde un principio, es decir, teniendo la voluntad de mantenerse firme, no se derramará el Vaso de Hermes.
A final de cuentas, toda superación personal se resume en la fuerza de voluntad, recordemos que la divisa gnóstica es Thelema, y así lo entendía y lo predicaba insistentemente nuestra recordada Maestra.
Ella decía que la mejor manera de corregirse era: No darle gusto al ego animal, hacer lo contrario de lo que el ego quiere.
Además, afirmaba que no sólo debemos tener voluntad sino buena voluntad, e insistía en que debíamos hacer las cosas de buena voluntad, y asimismo, tener buena voluntad para con nuestros semejantes.
Si tomamos en cuenta que Judas, el demonio del deseo, genera el ansia de realizar un acto u omisión negativos, que Pilatos, el de la mente, los justifica, y Caifás, el de la mala voluntad, los lleva a cabo, entenderemos la necesidad de tener buena voluntad, es decir, evitar la conclusión de un mal deseo o mal pensamiento.
Si nos afianzamos en la buena voluntad podemos llegar muy lejos en este camino. La Maestra era por demás enfática en este punto y afirmaba que mientras más mala voluntad nos tuviesen nosotros deberíamos tenerles la mejor buena voluntad, que es la antesala del perdón.
Resulta curioso que el Ángel del Señor, cuando anunció su advenimiento, dijo: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.
No se refirió a los hombres ricos ni pobres, ni al presidente o al diputado, ni a los presbíteros u obispos, sino a los hombres de buena voluntad, y buena voluntad puede tener el Maestro más exaltado del Tíbet como el campesino más humilde de la sierra.
3. Buscar la paz
Ya vimos la clave para alcanzar la paz: tener buena voluntad. Ahora bien, la Maestra afirmaba que de la felicidad sólo chispazos tenemos en la vida, que es muy difícil tener una felicidad continua y permanente, sin embargo, la paz es algo que sí podemos lograr si nos lo proponemos.
No en balde el saludo gnóstico es Paz Inverencial, pues la paz es lo que desean los Maestros para nosotros.
4. Tener contento al Padre
Nos decía la Maestra que debíamos tener contento a nuestro Padre que está en secreto y no buscar tener contenta a la gente, pues había que estar bien con Dios —macrocósmico y microcósmico— aunque para eso tuviésemos descontenta a la gente.
Recordemos que según el Maestro para tener contento al Padre debemos seguir la siguiente regla: Recto actuar, recto pensar y recto sentir.
La rectitud fue una de las características de la vida de nuestra Maestra, y ese fue el ejemplo maravilloso que nos dejó.
5. La fidelidad
Otro punto que destacaba la Maestra Litelantes, era el de la fidelidad, sea para la Divinidad que llevamos dentro, para nuestro cónyuge, para la Gnosis, etc. Afirmaba que alterar la enseñanza o entregarla según nuestra conveniencia era una clara infidelidad, que por eso debía entregarse tal como la dejó el Maestro, sin añadirle ni quitarle nada.
Condenaba terriblemente a los infieles, decía que a los traidores en ninguna parte los quieren: ni allá arriba, ni aquí en medio, ni allá abajo.
Consecuencia lógica de la fidelidad es la gratitud, quien es agradecido no caerá en la infidelidad. El Maestro afirmaba que “la ingratitud es hermana de la traición”.
Por cierto, la Maestra solía aseverar que lo que más recibió de parte de los alumnos del Abuelo, fueron muestras de ingratitud; es más, afirmó que a quien más se le ayuda normalmente es el más desagradecido.
El Maestro decía que “el iniciado debe ser templado, fiel, casto, humilde y obediente”. Por su parte, el Apocalipsis establece: “Al que fuere fiel hasta la muerte, le daré la corona de la vida”.
6. Respeto al matrimonio
Aspecto sustancial de esta enseñanza es respetar el matrimonio, pues este es el Sendero del Hogar Doméstico, el Camino del Matrimonio Perfecto.
Por tanto, insistía la Maestra en respetar los matrimonios y nunca aconsejaba el divorcio. Aun cuando se actualizaran las causas que señala Moisés para repudiar a la mujer, no sugería el divorcio sino que debía ser decisión personal del cónyuge ofendido.
Afirmaba que aconsejar el divorcio era echarse un gran karma, pues es una decisión que sólo compete a los cónyuges. De ahí que siempre procuraba ayudar a que los matrimonios se salvasen, poniendo en ello su mejor empeño y su sabio consejo, tal como lo hemos dicho en el capítulo anterior.
Así que nos instaba a que conserváramos nuestro matrimonio y ayudáramos a conservar los matrimonios de los demás, pues es la piedra angular de toda escuela de regeneración.
7. No hacer caso de chismes ni dedicarse a ellos
La Venerable Maestra Litelantes decía que con la lengua se hace más daño que con cualquier arma, por lo que debemos cuidar muy bien lo que hablamos.
Cuando algún fanático insistía en cuidar exageradamente lo que se come, ella recordaba las palabras del Evangelio, enfatizando en que no hace daño lo que entra por la boca sino lo que sale de ella.
Sobre el tema, el Maestro afirma: “Si nosotros abrimos las puertas a las impresiones negativas, a la chismografía de alguien, de alguien que viene a hablar contra alguien que cargamos aquí, en la mente, el resultado será fatal: la efigie o representación mental que cargamos nosotros sobre esa persona —y contra la cual ese alguien viene a hablar— puede ser alterada, precisamente por las emociones negativas provenientes de las impresiones negativas de la persona.
Tal figura, entonces asume características tenebrosas, se vuelve contra nosotros y nos ataca violentamente. Es claro: cargamos multitud de representaciones y, naturalmente, cualquiera de ellas que quede alterada, se convierte en un enemigo interior más de los ya existentes”. (Glosario Gnóstico).
La Maestra acostumbraba decir: ¿Qué sería de mi vida si prestara atención a los chismes y la murmuración? Si me pusiera a hacer caso de lo que hablan de mi ya estuviera muerta. Así que no hago caso de lo que hablen mal de mi, pues no me pagan la renta ni el teléfono ni el café ni los cigarros, y mientras más hablan de mi más me paseo y disfruto de la vida.
8. La tolerancia
Insistía la Maestra en que debíamos ser tolerantes con los demás, pues todos somos humanos y no somos ni valemos más que los otros.
Siempre nos dio ejemplo de la mayor tolerancia, en realidad de verdad toleraba nuestros errores y nuestra manera de ser. No se asustaba —como hacen los santurrones— de nuestros errores y los aspectos egóicos de nuestra personalidad.
Sin lugar a dudas se le aplica la máxima de Charles Duclos: “Una de las principales virtudes sociales consiste en tolerar en los demás lo que debemos prohibir en nosotros mismos”.
Lo único que definitivamente no toleraba era la traición y mencionaba que muchos delincuentes comunes encontrarían más misericordia en el Tribunal del Karma que aquellos que vivían a expensas del trabajo del Abuelo y de ella, y encima se complacían en hablar mal de ella, que era tanto como hablar mal del Maestro.
9. El perdón
Punto muy importante para nuestra querida Maestra, era que nosotros aprendiéramos a perdonar, decía que para eso estábamos en este mundo: para perdonar.
En realidad el perdón es de lo más difícil que pueda haber, pues presupone que la persona ha trascendido a su amor propio, al yo del orgullo, a la soberbia y el rencor, defectos que tenemos muy sobrados.
En su “Tratado de Psicología Revolucionaria”, nos dice el Maestro Samael: “Escrito está que en el trabajo esotérico gnóstico sólo es posible el crecimiento anímico mediante el perdón a los otros. Si alguien vive de instante en instante, de momento en momento, sufriendo por lo que le deben, por lo que le hicieron, por las amarguras que le causaron, siempre con su misma canción, nada podrá crecer en su interior. La oración del Señor ha dicho: «Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». El sentimiento de que a uno le deben, el dolor por los males que otros le causaron, etc., detiene todo progreso interior del alma”.
10. El silencio
Una regla trascendental para la Maestra era el silencio. Muchísimas veces pude apreciar que respondía con el silencio a las impertinencias y faltas de respeto.
Recuerdo que un personaje que siempre ha ostentado ser gran santo y meditador, le hacía preguntas sobre temas abstrusos de la enseñanza —como queriendo ponerla a prueba— y ella le respondía con la mayor sencillez, concreción y síntesis. Sin embargo, como el referido personaje era contestatario, siempre ponía objeciones a sus respuestas, por lo que al principio mi persona procuraba abundar sobre el sentido de la respuesta, y seguidamente la Maestra ratificaba mi dicho, pero aquél continuaba con nuevas y mayores objeciones, no encontrando de la Maestra más respuesta que el silencio, así que con tales antecedentes, en posteriores ocasiones opté por levantarme de la mesa y dejarlo con su monólogo, y si bien la Maestra continuaba sentada, persistía en su más absoluto silencio.
También guardaba silencio cuando sus detractores la ofendían e injuriaban. Me llegó a comentar que ella no gastaba energía pensando en las ofensas ni en los ofensores, y siempre decía “Que Dios les ayude”.
Era totalmente hermética para sus asuntos esotéricos, y muy excepcionalmente, casi como una gracia, llegó a comunicar algún aspecto de su bendito Real Ser.
Como decía el Maestro: “es absolutamente silenciosa, y como quiera que jamás hace gala de sus poderes ni de sus conocimientos, los pedantes de la época han agotado su baba difamatoria contra ella”.
Si uno no traía el recuerdo de alguna experiencia del ultra, aunque con ella misma hubiese sido la experiencia, jamás comunicaba nada. Además, sugería que no hablásemos de nuestras experiencias internas para que los Maestros nos siguieran proporcionando tal regalo.
Me comentaba la Jefita que el Abuelo no supo que ella tenía la capacidad jinas sino hasta los cuatro años de casados, habiéndose reservado este extraordinario hecho porque los poderes son sagrados y debe guardarse el secreto.
En verdad que nuestra amada Maestra fue vivo ejemplo del apotegma tan repetido por el Maestro Samael, que dice: “El silencio es la elocuencia de la sabiduría”.
11. La fe
Destacaba en sus consejos que debíamos tener fe, que nada se lograba sin la fe. Afirmaba que no alcanzábamos las altas metas de esta maravillosa enseñanza por nuestra falta de fe, y repetía las palabras del Evangelio a propósito de tener siquiera la fe del tamaño de un grano de mostaza. También llegó a decir: Cultiven la fe, porque si no la cultivan la pierden.
El Maestro nos dice que debemos tener fe consciente y no la de un carbonero, que la fe no debe ser dogmática.
Esto sin embargo, no implica que sea imposible alcanzar la fe, y nos desanimemos a ejercerla, porque de momento no se trata de una fe consciente, pues así como cualquier facultad se perfecciona por el ejercicio, asimismo la fe debe ejercitarse hasta lograr la fe consciente.
De no ser así, ¿habría insistido tanto la Venerable Maestra Litelantes en que tuviéramos fe? La fe, como cualquier otra virtud o facultad, se va desarrollando poco a poco; para tener logros en este camino hay que ser persistentes.
He aquí algunas palabras de nuestro Maestro a propósito de la fe, dichas en su conferencia “La Gran Obra”:
“En cuanto a la fe es necesario tenerla, claro, todo alquimista debe tener fe, todo cabalista debe tener fe, pero la fe no es algo empírico, algo que se nos dé regalado, la fe hay que fabricarla, no podemos exigirle a nadie que tenga fe, hay que fabricarla, elaborarla.
¿Cómo se fabrica? A base de estudio y experiencia. ¿Podría alguien tener fe en esto que estamos diciendo aquí, si no estudia y experimenta por sí mismo? Obviamente que no, ¿verdad? Mas conforme vayamos estudiando y experimentando, vamos comprendiendo, y de esa comprensión creadora deviene la fe verdadera.
Así pues, la fe no es algo empírico, no, nosotros necesitamos fabricarla... Más tarde, sí, mucho más tarde, el Espíritu Santo, el Tercer Logos, podría consolidarla con nosotros, fortificarnos y robustecernos, mas nosotros debemos fabricarla”.
Nuestra Señora Litelantes decía que se llevaba toda una vida aprender bien esta enseñanza, por tanto, no hay que desanimar. Ella no quería que tuviésemos dudas en la posibilidad de ejercer la fe, eliminar el ego, practicar la alquimia, hablar con Dios y encarnar al Real Ser, precisamente por ello nos insistía en que debíamos ser persistentes aunque nos llevara una vida o varias vidas.
12. La paciencia
Nuestra Maestra decía que debíamos tener una paciencia a toda prueba, pues nada se logra en el camino iniciático y en la vida ordinaria sin la paciencia.
Todo acierto, todo logro está fincado en la paciencia. Recordemos la frase del Evangelio: “En paciencia poseeréis vuestras almas”.
La Maestra era un ejemplo vivo de las más infinita paciencia: la tuvo para ayudar al Maestro a corregirse, también tuvo paciencia para ayudarnos a todos nosotros a corregirnos, para lograr sus mayores exaltaciones, para soportar su larga y penosa enfermedad...
El Venerable Maestro Samael Aun Weor nos dijo: “El estudiante necesita mucha paciencia, porque cualquier acto de impaciencia lo lleva al fracaso. Se necesita paciencia, voluntad, tenacidad y fe absolutamente consciente”.
La Jefita insistía en que este camino es de paciencia, tenacidad, resistencia; es para gente que resiste, que aguanta; se trata de resistir los embates del maligno. Al efecto, no resistir es explotar al prójimo, considerar la enseñanza como negocio, modificarla o adulterarla, quitarle la mujer al próximo, tener “vajilla hermética”, hablar mal de los Maestros, caer en el fanatismo y la santurronería, etc., etc.
También afirmaba la Maestra que debíamos tener gran paciencia para pagar nuestras deudas kármicas; es más, llegó a decir que nunca se terminaba de pagar —aún los Adeptos Excentos tienen deberes— por lo que solamente estamos a expensas de la misericordia del Tribunal.
Decía que teníamos que pagar con gusto, con alegría, porque si uno perdía la paciencia y reclamaba, más se incrementaba la deuda, en cambio, si uno pagaba su deuda pacientemente, con alegría, le daban un respiro, era más rápido el pago y podía vivir una vida mejor..
Estas maravillosas reglas que nos legara nuestra amada Maestra, sirven de fundamento a la Iglesia Cristiana-Gnóstica Litelantes y Samael Aun Weor, creada por el mandato y bajo la protección de tan altísimos Señores de la Luz.
Con estas doce reglas que nos entregara la Venerable Maestra Litelantes, seguramente aprenderemos a saber vivir, pues para eso estamos en este mundo, para cursar la universidad de la vida.
Como decía sistemáticamente el Venerable Maestro Samael Aun Weor: “La iniciación es la misma vida”, de lo cual dio fe nuestra Maestra, que nos entregó la más maravillosa de las enseñanzas: el ejemplo.
¡Alabado sea tu Nombre, Señora del Rigor, Virgen del Tribunal, Diosa de la Sabiduría, Madre nuestra Litelantes! ¡Sea tu Nombre Bendito por toda la Eternidad! ¡Amén!
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