Flash CMS, flash components, and even flash cms templates .
aVISOS

SEDE MUNDIAL GNOSIS

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player


Hermosillo, Sonora
Mail: sede.mundial.icglisaw@
gmail.com

Biografía de la V.M. Litelantes

Sus orígenes

Dedicaremos este apartado a destacar algunos aspectos biográficos de la Venerable Maestra  Litelantes, enfatizando la manera en que levantó a su esposo-sacerdote, el Venerable Maestro Samael Aun Weor.
Nuestra bendita Maestra Litelantes, nació en Colombia (Antioquia) el 6 de octubre de 1920, bajo el signo de Libra ―la cadera del cielo, como decían los antiguos―, viva representación de la balanza de la Justicia, y fue glorificada por la muerte el 5 de febrero de 1998, en la ciudad de México.
La familia Garro Mora era humilde, tenían una pequeña milpita (parcela agrícola) con la que sobrevivían tanto ellos como los pocos trabajadores que les colaboraban.
De la numerosa familia (diez hijos) Dondita fue la morenita y ciertamente la comparaban desventajosamente con sus hermanos más claros o rubios, incluso.
Fue una niña de excepcional talento y destacaba tanto entre su familia como entre sus compañeros de primaria: no necesitaba leer texto alguno, porque con sólo poner atención se le grababan en su memoria las clases, siendo primerísimo lugar en aprovechamiento.
Siempre reconoció que aunque sus padres la querían le dieron un trato muy duro, y que en verdad fue rebelde con ellos, tanto por ese motivo como por el propio carácter enérgico que ella tenía.
A su corta edad, era la más capaz en su familia para hablar y administrar las cosas, asombrando a propios y extraños por su elocuencia y brillante inteligencia, sobre todo por su enorme capacidad para los estudios.
Fue una niña completamente precoz, su madurez psicológica y espiritual se anticipaba asombrosamente a su edad. Decía que quería ser abogada para no dejarse de nadie y que además no se casaría, que viviría siempre soltera...
Pero cierto día, durante una comida familiar al aire libre, bajo unos árboles departían los Garro, y precisamente sobre Dondita cayó un gusanito de los árboles, que se alojó en su cabecita. Como era de los que barrenan, infortunadamente no fue posible impedir que la lastimara, de suerte que le produjo una fuerte infección en la cabeza, y en esos tiempos ni siquiera se conocía la penicilina.
Contaba Dondita que desde entonces no le creció mucho el pelo, que antes de su enfermedad le llegaba hasta la cintura. Fue muy penosa la enfermedad que le sobrevino, pues le salían grandes cantidades de pus y su salud en general se agotó rápidamente.
Los médicos no pusieron ningún remedio a su desesperante enfermedad, pero una amiga de su mamá le comentó que había una solución: que durante la misa hiciera una oración al momento de la consagración, y al elevarse la unción que Dondita la viera, que no agachase la cabeza; además, se debían hervir las flores que se llevaran a la Iglesia exprofeso y con el agua lavarle la herida.
Se siguió la receta espiritual y milagrosamente sanó Dondita, pero desafortunadamente ya no pudo continuar sus estudios, pues no asimilaba las clases, así que no tuvo la suerte de concluir la primaria.
En cierta ocasión, cuando la Maestra recordaba esta triste experiencia, decía que de no haber sido por esa enfermedad ella hubiese sido abogada, que le podía mucho no saber Derecho cuando falleció el Abuelo, cuando los dizque “discípulos” del Maestro se quisieron quedar con todo: libros, derechos de autor, instituciones, hasta la casa donde el Maestro murió para hacer un museo en ella.
Entonces me permití hacerle el siguiente comentario:
¿No cree Usted, Jefita, que a fin de cuentas Dios sabe lo que hace? Si Usted no hubiera tenido esa enfermedad, seguramente fuera abogada y soltera. Es ese caso, no se hubiera casado con el Maestro Samael y nosotros no estuviéramos aquí, pues el Abuelo no se hubiera levantado, ni encarnado a su Real Ser, ni escrito los libros; por tanto, no sabríamos nada de Gnosis...
Al oír mis palabras, ella me miró con mucha seriedad y después tuvo una de esas miradas enigmáticas, con aquel brillo particular, entre sonrisa y conocimiento previo de los acontecimientos.

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

La amazona jinas
Quien tuvo la suerte de tratar aquella Dama-Adepto, con su trato exquisito, tan suave y cortés, no podría imaginarse que en su infancia y adolescencia hubiese sido una verdadera amazona, una extraordinaria jinete, que incluso domaba potros.
Ya que su enfermedad le impidió continuar sus estudios, el carácter inquieto de Dondita la llevó a realizar las labores del campo, de cuya explotación vivía su familia, aprendiendo cabalmente todas las labores, convirtiéndose así en una verdadera amazona y buena agricultora, con obligaciones de administración en la finca de sus padres.
En efecto, Don Antonio, su padre, le dio ciertas responsabilidades en la administración de la milpa, vista su capacidad, y llegó a manejar con el mayor orden al personal siendo tan sólo una jovencita.
Quien alguna vez haya mandado peones en las labores agrícolas, sabe lo que digo: se requiere poner la muestra para que hagan bien el trabajo, costumbre que llevó hasta el final de sus días, pues siempre puso la muestra en la forma de hacer el trabajo común y el psicológico.
Aquellos eran tiempos difíciles y Dondita tenía todas las ocupaciones de un hijo varón, las que desempeñaba impecablemente.
Llegó incluso a criar cerdos para ayudarse y así poder comprarse su ropa y sus cosas, porque no gustaba pedirle dinero a su padre, según me dijo. También hacía adobes para vender, y mezclaba tan bien la paja con el lodo que llegó a tener bastante clientela, pues como ella decía si uno hace algo para vender hay que hacerlo bien hecho.
En realidad la joven Maestra Jinas era algo más que una excelente amazona...
Dondita sonreía ampliamente cuando se acordaba de sus tiempos de amazona, sobre todo del episodio de los pretendientes, quienes —ignorantes de su capacidad de equitación— cuando querían abordarla cabalgando, nuestra amazona conducía su corcel de forma tal que tiraba certeras coces a los supuestos pre­tendientes y sus cabalgaduras, logrando así el respeto de los jinetes que deseaban acercársele.
En cierta ocasión, un buen amigo le preguntó que si era verdad que en su juventud domaba potros, y ella respondió: Sí, antes domaba potros y ahora domo diablos...
Quien tenga oídos para oír que oiga.
 
La viejita jinas
Nuestra querida Maestra nos relató que fue a los trece años cuando aprendió la ciencia jinas, es decir, a meterse con su cuerpo físico en la cuarta coordenada y así tomar cualquier forma.
Se hizo amiga de una viejita que vivía sola, y con mucho gusto Dondita le ayudaba subiéndole todos los días agua hasta su casa, en una remota loma (cerca del kilómetro). La viejita, agradecida por el favor, empezó a enseñarle esta ciencia misteriosa...
Solamente le puso como condición que no se aprovechara del conocimiento para visitar novio u hombre alguno, que fuera una damita bien portada, que no espiara a las gentes. En otras palabras, tuvo la suerte de encontrar a una Maestra Jinas Blanca como instructora.
El carácter de Dondita se ajustaba a las mil maravillas para cumplir una promesa de esta naturaleza, por tanto, la viejita le enseñó los misterios de Huevo Órfico, convirtiéndose la discípula en una experta jinas a los trece años.
Por las noches se vestía, se peinaba, en fin, se arreglaba con esmero, paradójicamente con el fin de irse a acostar, según esto para no tener que arreglarse por la mañana y así levantarse rápido, lo que despertaba la extrañeza de sus hermanas, quienes incluso amenazaban con decirle a sus padres que seguramente iba a salir a pasear de noche...
Sin embargo, Dondita se salía con la suya, logrando desdoblarse en jinas a pesar de la vigilancia de su familia. Cuando le pregunté a dónde se iba en jinas tan aliñada, me respondió: A dónde iba a ir sino a Cataluña, España, al Templo de Montserrat.
monserratQuizá desde entonces venga su capacidad para dormir toda la noche en una misma posición, incluso con sus muñecos de peluche puestos sobre las cobijas, que no se movían a pesar de estar sobre sus pies o en cualquier otra parte de su cuerpo.
Así pues, rápidamente aprendió Dondita a trasladarse en jinas hasta el Templo de Montserrat, donde recibió instrucción valiosísima, que a la postre serviría para apoyar al Maestro en su Gran Obra en beneficio de la humanidad.
Recordemos que el Maestro Samael menciona que el Templo de Montserrat —precisamente un Templo Jinas— guarda celosamente el Santo Grial —que contuvo la preciosa sangre de nuestro Señor Jesucristo—, pues ahí fue depositado por José de Arimatea. Desde este Templo sagrado se esparce la luz de la Gnosis a todo el mundo.
No es de extrañar, entonces, que la Venerable Maestra Litelantes introdujera a su esposo en el culto del Cáliz de Montserrat, convirtiéndose también en un Maestro Jinas Blanco, un ferviente adorador del Santo Grial...
En su última visita a Montserrat, la Maestra señaló el lugar de acceso a dicho Templo Jinas, estando reunidos algunos estudiantes; se trata de la Ermita de San Juan, que se encuentra por el camino que inicia en la parte superior del teleférico.
En realidad es una entrada jinas, por lo que el estudiante requiere tener el cuerpo físico en tal estado para poder entrar al Templo; además, es la entrada difícil, llena de pruebas y terribles requisitos.
Según me señaló, existe otra entrada a la que sólo se puede llegar por aire, un acceso directo al Templo, que puede verse en los cantiles que están frente al restaurante de autoservicio ubicado antes del Monasterio. En fin, nuestra Maestra sabe por experiencia propia los misterios del Templo de Montserrat y su Virgen Morena.
“Coincidentemente”, la experta en jinas que encuentra el Maestro Samael en su camino, con quien se desposa, asiste al Templo de Montserrat, es miembro consciente de dicho Templo desde los trece años...

El encuentro con el Maestro Samael
Cuando la Maestra conoció al Maestro Samael, éste se dedicaba a curar, principalmente por medio de plantas.
Relataba la Maestra que una hermana suya, Josefina —por cierto la rubia, la más bonita, la preferida, aquella con quien la comparaban desventajosamente—, se encontraba enferma, de tal gravedad que los médicos la daban por desahuciada, arrojaba sangre y tenía unas fiebres intensas que la medicina oficial no lograba controlar.
Su familia se enteró que había un señor que curaba casos desesperados, por lo que le pidieron a Arnolda que fuera a buscarlo como último remedio, pues según esto su hermana podía morir esa misma noche o a la mañana del siguiente día.
La joven Arnolda logró encontrar al curandero, quien por cierto parecía un albañil: barbón, avejentado, desaliñado, según nos comentara la Maestra.
Le pidió entonces que fuera a su casa y le hiciera el favor de curar a su hermana, y él contestó: Si usted gusta la puedo acompañar a su casa; a lo ella replicó: No, gracias, me puedo ir sola.
Después de unas horas el curandero llegó a casa de la familia Garro, atendiendo a la enferma con sus curaciones, le dio unas plantas y le dijo a la familia que si bajaba la fiebre antes de las 12 de la noche la joven se curaría, y si no era así no se comprometía a curarla.
El hecho es que su hermana se curó... y el curandero quedó prendado de Arnolda, por lo que buscó los medios de acercarse a la familia Garro, con el pretexto de supervisar la convale­cencia de su hermana.
Ese curandero era el Sr. Víctor Manuel Gómez Rodríguez, quien después sería conocido con el nombre sagrado de Samael Aun Weor.
Decía la Maestra que a pesar de su apariencia de “albañil”, el curandero le había caído bien, le había gustado, había algo en él que le atraía...
Para entonces, al parecer ella tenía dos pretendientes. El primero era un viudo con quien se había puesto de novia porque su hermano Gildardo —que era el difícil, en cambio Octavio era el cordial— le prohibió terminantemente que se pusiera de novia con él (con cualquiera otro menos con él), y por llevarle la contraria estableció relación de noviazgo con el viudo, quien por cierto no le atraía en lo más mínimo, pues no era buen mozo y tenía varios hijos.
El segundo pretendiente era un joven que vivía precisamente en casa de los Garro, en un cuarto que le rentaban para ayudarse económicamente —pues eran realmente pobres—, con quien se había relacionado igualmente por llevarle la contraria a su hermano, ya que la joven Arnolda era de un carácter firme y no dejaba que la manejaran.
Hago la aclaración de que tales pretendientes o “novios” lo eran sólo de nombre, pues cuando uno de ellos pretendió echarle el brazo encima, la joven Arnolda le dijo que mejor lo hiciera con su mamá... replicándole éste que si acaso no eran novios, a lo que ella le dijo que “de nombre”, pues solamente a quien se casara con ella se lo permitiría. De la misma tesitura fue el trato que tuvo con todos sus “novios”.
El caso es que el curandero se enamoró profundamente de aquella joven morena, delgada, de carácter duro, de mirada a la vez severa y delicada —totalmente enigmática, conforme se lo declaró en un poema de aquella época— y con una sonrisa cauti­vante...
Por tanto, buscó el medio de acercarse a la familia Garro, que aunque estaba agradecida por la curación de su hija, no veía con agrado que pretendiera cortejar a Arnolda. Decía la Maestra que cuando preguntó a su Señora Madre, Doña Belinda, qué le parecía el Señor que curaba, ésta la regañó y mandó inmediatamente a la cocina.
El Señor Gómez, por su parte, se hizo amigo del presunto novio de la joven Arnolda (su vecino y arrendatario), quien le dijo que la joven era una “tigra”, que no se dejaba, a lo cual comentó Don Víctor Manuel que más le interesaba, que era precisamente lo que andaba buscando.
A final de cuentas “la tigra” les puso un ultimátum: que al pretendiente que se fajara bien los pantalones y en verdad le ofreciera casarse con ella y se lo cumpliera, lo desposaría.
Quien se animó fue el Abuelo y así se lo hicieron saber a la familia Garro, la que recibió con desagrado la noticia, a lo que la comprometida Arnolda les expresó: que tenía decidido casarse y si no querían darle su bendición, quedaría en sus conciencias que ella se casara sin su autorización, por lo que no les quedó a sus padres otra alternativa que bendecir la unión.
Lo mismo razonó la decidida Arnolda ante el cura, quien ya le conocía el carácter, y puesto que ese mismo día se iban del pueblo, no le quedó más remedio que bendecirlos.
Fue un noviazgo fulminante de 20 días, donde se decidieron los destinos de la Gnosis del siglo XX y de los siglos venideros.
En efecto, ahí empezó el proceso de corrección y elevación del Bodhisattva del Señor Samael Aun Weor, hasta lograr su encarnación interior profunda en Víctor Manuel Gómez Rodríguez.
Mencionaba la Maestra que el Abuelo tenía un amigo astrólogo, que además practicaba quiromancia, a quien muy recién casados le presentó, y que el astrólogo, el viejito, le dijo que Víctor Manuel ya le había contado que se iba a casar con una joven morenita, bajita, de pelo negro, porque así lo había soñado o visto en la noche, y ¡qué sorpresa!, ahora tenía el agrado de conocerla, confirmando lo que Víctor Manuel había predicho y que en su momento tuvo la gentileza de confiarle.
Tenía fama el astrólogo de acertado, así que el Abuelo le pidió que dijera el destino de la joven pareja.
Leyó la mano de Arnolda y con tristeza declaró que no viviría más de un año con Víctor Manuel.
La Maestra le contestó que estaba muy equivocado, porque ella viviría toda su vida con el Maestro, como sucedió efectiva­mente, hasta la hora en que desencarnó.
Por cierto que la mano de la Maestra era mixta, una mezcla extraña de filosófica con práctica, y quien viera su línea de la mente podría percatarse de su extraordinaria capacidad para salir en astral y en jinas... El Maestro era signo Piscis y la Maestra Libra; en el horóscopo chino el Maestro era Serpiente de fuego y la Maestra Mono de metal; por último, en el horóscopo azteca el Maestro era día 5 Serpiente (Macuilli Cóatl), trecena 1 Cocodrilo y año 9 Casa, y la Maestra era día y trecena 1 Jaguar (Ce Océlotl) y año 12 Pedernal.
Cuando se casaron, todo el patrimonio de Don Víctor Manuel eran dos camisas y un pantalón, así como un cofrecillo o maletín donde guardaba unos papeles.
Pero eso no le importó a la joven Maestra, quien sólo le puso las siguientes condiciones para aceptarlo:
            1ª  Que nunca le pusiera la mano encima, es decir, que nunca la golpeara.
            2ª  Que viajaran, pues no quería estar viviendo mucho tiempo en un sólo pueblo, y
            3ª  Que él era muy hombre para tener las mujeres que quisiera, que él tenía toda la libertad, pero que si andaba de novio con alguna, quería que él mismo se lo dijera y no venirlo a saber por los vecinos. Eso sí: que no hiciera comparaciones ni la llevase a casa, por supuesto.
El hecho es que el Maestro siempre le cumplió, según afirmaba enfáticamente la Maestra: jamás la golpeó, viajaron mucho —hasta que por fin se establecieron definitivamente en México, D. F.— y siempre le dijo con cuál mujer andaba.
 
La corrección del Maestro
El Maestro era terrible en aquel entonces, cuando —como él mismo solía decir— andaba de “capa caída”.
Era un joven que había salido definitivamente de su casa a los 16 años; trabajando y estudiando llegó a la Universidad, hasta cursar el segundo año en la Facultad de Medicina, de donde salió para irse a estudiar otra clase de medicina con los indios de la sierra, porque —afirmaba entonces— la medicina oficial normalmente era un comercio y no podía curar las cosas que él sabía.
El hecho es que aprendió medicina con los Mamas de la tribus de los arahuacos, circunstancia que lo llevó a conocer a la Maestra, mediante la curación de su hermana.
Con los indios aprendió de todo: bueno (con los “Mamas” arahuacos) y malo o mezclado (con muchos chamanes, brujos y curanderos de distintas tribus), y no se asustaba de nada ni de nadie... era de los que entraban a la cantina con todo y caballo.
Era tremendo: todo un Bodhisattva caído, pero Bodhisattva al fin, con posibilidades de levantarse, las que supo desarrollar su esposa-sacerdotisa con su tenacidad proverbial...
Desde su infancia el Maestro tenía capacidades poco comunes de clarividencia, recuerdos de vidas anteriores y de los Registros Akáshicos, y su ánimo de servicio lo llevó a estudiar Medicina, pero fue después de convivir con nuestra bienamada Maestra, que dedicó tales facultades a la Gran Obra del Padre.
Decía la Maestra que cuando conoció al Abuelo, parecía un albañil, barbón, sucio y viejo, y que los pies se le hinchaban de tanto tomar.
Empezó por rasurarlo y asearlo. Siempre lo rasuró, hasta el final. Después del baño le extendía sobre la cama su ropa debidamente combinada, pues cuando lo hacía él mismo se ponía un calcetín de un color y el otro de diferente color.
La gente sabía que al Señor que curaba le gustaba tomar, por lo que le llevaban su botella de aguardiente, y cuando había bebido más o menos la mitad, le pedían les leyera la mano, siendo muy acertado en sus lecturas, sobre todo al encontrarse en ese estado.
La Maestra en vez de adoptar una actitud de admonición y acoso constante para que el Abuelo dejara de beber, le dio su libertad y poco a poco fue imbuyéndole la idea de dejar la bebida; con suavidad se consigue mucho, según solía decirnos.
Llegó el momento en que del propio Abuelo salió la idea de dejar de tomar, habiendo tenido sus altibajos previos. Uno de ellos lo relató la Maestra en presencia de un amigo mío que no sabía nada de Gnosis pero que le tenía un profundo respeto y cariño.
Tendría entonces como cinco años viviendo en casa de Dondita, o de “la Jefita”, como cariñosamente solía decirle, así también le llamaba mi amigo, quien era tremendo por cierto: peleonero, abogado discutidor; pero decía que si la Jefita fuera abogada no le gustaría pelear o discutir con ella, y así bromeá­bamos mucho, lo que agradaba sobremanera a la Maestra.
Nos comentó que estando Isis —su hija mayor— de brazos, el Abuelo andaba con la idea de no tomar, pero que ese día le expresó que deseaba ir a la cantina sencillamente a platicar con los amigos, porque su charla era de lo más interesante.
La Maestra le dijo que si no iba a tomar sino a platicar solamente, entonces ella lo acompañaría con gusto a la cantina.
Y tomó a Isis en sus brazos, acompañando al Abuelo a la cantina, donde éste no encontró a sus amigos para platicar, pero sí que tomar, lo cual hizo con alegría hasta llegar a un punto en que la Maestra le señaló: No encontró a sus amigos, no pudo platicar con ellos, y creo que ya ha tomado Usted bastante. El Abuelo le dijo: Tiene razón, vámonos ya.
Uno de los parroquianos dijo entonces: ¡Cobarde, lo manda su mujer! El Abuelo replicó: ¡Cobarde yo, están equivocados, se lo demuestro a uno por uno de los que están aquí, a más de uno no me comprometo!
Nos decía la Maestra que el primero que se arrojó contra el Abuelo fue quien le dijo cobarde, al que derribó con un solo golpe (recordemos su fuerte constitución y sus grandes manos); después siguió el más fornido de los que estaban ahí, a quien igualmente derribó de un solo golpe.
Acto seguido, se metió a “donde sirven” (dentro de la barra), noqueando a cuatro tipos más; en total derrotó a seis paisanos agresivos... Tomando en consideración estas circuns­tancias, la Maestra llegó a un acuerdo con el dueño de la cantina y el propio Abuelo, a fin de que ya no le sirvieran licor sino hasta cierto límite.
Cuando el Abuelo dejó definitivamente de tomar, se dio su “despedida” con una fiesta de tres días, no volviendo jamás al vicio del alcohol. Primero fue radical y no tomaba absolutamente nada, hasta que en una fiesta se echó un enemigo gratuito por no quererle aceptar una copa para brindar por su hija, la quinceañera agasajada.
A partir del momento, el Maestro Samael resolvió que es lícito tomar hasta tres copas y elogió a los caballeros de muchas fiestas que con una sola copa se pasan toda la noche engañando al diablo.
El hecho es que nuestra querida Maestra le quitó el vicio de la bebida al Abuelo, así como el de las mujeres.
Este último se lo quitó también poco a poco, sustancialmente porque no lo celaba, solamente le pedía que si andaba con alguna mujer, que francamente se lo dijera, que él era muy hombre para tener las mujeres que quisiera, que era muy libre, pero no quería saberlo por los vecinos, sino de su propia boca.
En fin, gracias a la perseverancia de la Maestra y a su estilo suave, pudo el Abuelo cambiar de actitud, dejar los vicios que nada bueno le traían, para empezar a caminar por el Sendero de la Iniciación.
El principal incidente que hizo cambiar al Maestro, fue el siguiente:
Relataba la Maestra que el Abuelo siempre traía un “portafolios” según ella decía (al parecer era una especie de maletín o cofrecillo) y lo llevaba a todas partes, a nadie le mostraba su contenido y dormía con éste cerca de su alcance.
Reiteradamente se negó a mostrarle su contenido a la Maestra, hasta que cansada de insistir le dijo: Si tanto quiere su “portafolios” pues duerma con él, pues si no me quiere decir lo que contiene ya no dormiré con Usted (fue la única vez que le dijo esto).
El Abuelo se vio entonces comprometido a mostrarle lo que traía dentro: era el manuscrito de un Tratado de Magia Negra que venía escribiendo, así como una calavera y otros imple­mentos mágicos.
La Maestra le dijo que si gustaba de la magia negra era su problema, que en todo caso se hacía daño a sí mismo, pero que si publicaba ese “Tratado” iba a dañar a mucha gente, por lo que debía destruir ese documento si quería seguir viviendo a su lado.
El Abuelo le inquirió: ¿De veras, “Negra” —que era como cariñosamente le llamaba, por ser morenita—, sería Usted capaz de dejarme?
A lo que la Maestra le contestó: Sí lo haría, me llevaría a mis hijos conmigo y no me casaría más, pues ya supe lo que es un hombre. Lo que debe Usted hacer es destruir ese Tratado y escribir un libro que beneficie a la humanidad en vez de perjudicarla. ¿No dice Usted, pues, que le gusta lo blanco?
Como el Abuelo sabía que, en efecto, la Maestra era muy capaz de irse, decidió destruirlo, pidiéndole a ella que se encargara de hacerlo, así que la Maestra procedió a quemar el “portafolios” con todo su contenido.
El resultado fue que el Abuelo escribió su primer libro para beneficio de la humanidad doliente: “La Puerta de Entrada a la Iniciación”, que también intituló “El Matrimonio Perfecto de Kinder”, obra de 1950, que en posteriores ediciones se conoció sencillamente como “El Matrimonio Perfecto”.
Nos decía la Maestra que a partir de entonces el Abuelo se decidió por la magia blanca y siempre permaneció en lo blanco, a diferencia de muchos de ustedes, que un rato les gusta lo blanco y después regresan a lo negro, pues no tienen voluntad.
Con esta obra maravillosa empezó el Maestro Samael su labor en favor de la humanidad doliente. El Maestro escribió este libro sobre una caja de jabón (especie de jaba de madera) y sentado en el piso, pues su pobreza era extrema...
 
Los amigos del Maestro
Nos comentaba la Maestra que en cierta ocasión el Abuelo salió una tarde de casa y le dijo: Voy a salir, Negra, pero va a venir a visitarla un amigo mío.
Ella se quedó haciendo sus labores, era temprano todavía, propiamente la media tarde, cuando de pronto todo oscureció... Planchaba entonces la Maestra junto a una ventana y de repente no se veía absolutamente nada hacia afuera, tampoco dentro de la casa se veía con claridad, le costaba trabajo verse las manos.
En medio de aquella oscuridad empezó a oírse un tropel de caballos que entraban a la casa y la cimbraban, parecía un temblor... Quien la visitó fue nada menos que Andramelek, y al retirarse volvió la luz a la casa y se pudo ver con claridad hacia la calle.
Al regresar el Maestro a casa le preguntó: ¿Qué le pareció mi amigo, Negra? Ella le contestó que no volviera a invitar a esa clase de “amigos” a casa.
No habló más la Maestra sobre su encuentro con el “amigo” del Maestro, lo que sí afirmó es que no sintió temor alguno y que el Abuelo nunca más hizo invitaciones de esa naturaleza.
Mencionaba la Jefita que el Maestro Samael siempre hablaba con afecto de sus “hermanos de abajo”, pues él venía de allá mismo y su Padre lo sacaba enérgicamente cada vez que quería regresar, según el propio Maestro lo afirmó (véase su obra “Sí Hay Infierno, Sí Hay Diablo, Sí Hay Karma”); también decía que de los demonios surgen los ángeles y viceversa.
El más famoso de todos sus amigos de allá abajo fue Belcebú, a quien el Maestro Samael, con su amor y paciencia, ayudó a salir del abismo —donde renunció a sus grados y poderes negros— y encarnarse en Francia en un cuerpo de mujer para luchar por la auto-realización íntima del Ser, según relata en su maravillosa obra “La Revolución de Bel”, editada en 1952.
A este propósito, desde que leí la obra me surgió la siguiente duda: Si Belcebú se encontraba en el proceso involutivo de los mundos infiernos —proceso que por ley culmina con la muerte segunda—, luego entonces, ¿cómo era posible que no hubiese pasado por la muerte segunda y se le permitiese encarnar en cuerpo de mujer? ¿Por qué se hizo esa excepción a la ley de evolución-involución?
Un “perito” en la enseñanza del Maestro —que casi se sabía su obra de memoria— me contestó que esto se debía a que “una ley superior lava a una ley inferior”, y en el caso se aplicó la misericordia del Tribunal del Karma.
Repliqué entonces que, conociendo un poco de Derecho, me parecía que la misericordia se aplica en todos los casos, y que del balance entre la misericordia y el rigor surge el equilibrio del Tribunal, es decir, la decisión final.
No supo qué contestar a mi réplica, por lo que seguí con esta importante duda, hasta que tuve ocasión de preguntarle a nuestra querida Maestra, quien me dio la siguiente explicación:
Que la razón de esa excepción a la ley de evolución-involución, se debía a que estábamos al final del ciclo, al final de los tiempos, por lo que el Sagrado Tribunal autoriza que los demonios puedan salir del averno y encarnarse, sin pasar por la muerte segunda, a fin de que se definan por la auto-realización íntima del Ser o por su regreso a los mundos infiernos, con mayor castigo, por supuesto, ya que desaprovecharon la oportunidad que el Tribunal les brindó.
Asimismo, me informó que el caso de Bel es el prototipo de muchos de nosotros, particularmente de los que gustamos de estos conocimientos, y que el Abuelo también nos había sacado.
Volviendo al tema de los amigos del Maestro, nos comenta­ba su esposa-sacerdotisa que cuando el Abuelo empezó a dar la enseñanza, sus verdaderos amigos eran magos negros definidos —de esos que tienen pacto con el diablo, según enfatizaba la Maestra—, y que en realidad de verdad les tenía más confianza a ellos que a los “hermanitos” gnósticos, y así lo demostraba, pues cuando salía de viaje le encargaba a sus amigos “negros” que vieran por su esposa y sus hijos, lo cual hacían con mucho afecto y respeto.
Mencionaba la Maestra que estos amigos del Maestro eran de lo más respetuosos y honrados, que cuando salía fuera de la ciudad con el Maestro y sus hijos les encargaba la casa y que a su regreso nunca faltaba nada, y si se moría un pollo se lo dejaban colgado, para que viera el Abuelo que no se lo habían robado.
Además, nos refería la Maestra que estos amigos —amantes de la magia negra— le comentaban al Maestro que era la pura verdad lo que él enseñaba, que por cosa cierta lo tenían, pero que desafortunadamente no podían seguirla porque ellos ya tenían empeñada su palabra allá abajo y no podían echarse para atrás.
Para que vean —nos decía la Maestra—, que esas personas tienen más palabra que ustedes, que dicen seguir la enseñanza de la Blanca Hermandad (véase entrevista en el Monasterio de Castelldefels).
En fin, nuestro Venerable Maestro siempre tuvo amigos de lo más terrible, decía que con ellos sabía a qué atenerse, que si le daban su amistad era para siempre y que nunca le insistían en que se fuera al abismo junto con ellos, pues su amistad era en verdad desinteresada.
Mencionaba también la Maestra que nuestro Maestro tuvo algunas amigas brujitas, particularmente una que quería mucho al Abuelo, con la que trató al final de su vida.
Esta Señora visitaba al Maestro en una forma muy singular: llegaba al estudio del Maestro (que se encontraba en el segundo piso de la última casa donde vivió) en forma de cuervo, parándose primero en la ventana y después brincaba dentro del cuarto y se convertía en la dama que era, así que de repente el Maestro tenía visita sin que tocara tan siquiera a la puerta de la casa.
Por cierto que la Maestra la ponía a trabajar (barrer, trapear, etc.), porque con tanta visita empezó a aburrir a los Maestros, hasta que de plano un día el Maestro le puso la espada y no regresó más.
No nos extrañe que el Maestro Samael haya tenido amigos entre demonios y magos negros, pues él mismo afirmaba que mientras no eliminemos absolutamente al ego todos somos más o menos magos negros; es decir, aún quienes hayan tenido iniciaciones en los Misterios, siguen siendo más o menos magos negros mientras no eliminen totalmente al ego y hasta las mismas semillas del ego.
Asimismo, decía nuestro Maestro que en verdad todos nosotros somos demonios, gentes perversas, y que todo aquel que acepte esta espantosa verdad empieza a morir de instante en instante y si no se acepta esta espantosa verdad, resulta imposible disolver el yo (véase el “Supremo Gran Manifiesto Universal del Movimiento Gnóstico”).
Tal como nuestro Señor Jesucristo (que tomaba vino y trataba con las prostitutas y los publicanos), quien no vino a llamar a los justos sino a los pecadores al arrepentimiento, igualmente nuestro Señor Samael Aun Weor, vino a sacarnos de nuestras tinieblas, cual sucedió con nuestro hermano Bel (véase “La Revolución de Bel”).
Siguiendo su doctrina, ¿qué otra cosa somos sino 97% demonios y apenas 3% ángeles? Así que nuestro bienamado Maestro nos vino a dar la enseñanza para que salgamos del estado demoníaco y alcancemos el estado angelical.
¡Bendito seas Venerable Maestro Samael, que nos das generosamente tu amistad y tu amor!
 
Los inicios del Movimiento Gnóstico
La pobreza fue una constante en los primeros años de la vida en común de los Maestros, y al final vivieron decorosamente, pero nunca tuvieron casa propia, por ejemplo.
En efecto, la casa donde murió el Maestro Samael era rentada y el dueño se la ofreció a la Maestra en venta, una vez fallido el Maestro, pero lo hizo como una cortesía, no pensando que su viuda realmente la fuese a comprar; sin embargo, la Maestra con muchos sacrificios logró adquirirla.
En verdad que con muchos sacrificios la compró, porque los sedicentes “discípulos” del Maestro que se encargaban de editar sus libros en Suramérica, dejaron de pagarle a la Maestra los de por sí exiguos derechos de autor que por aquel entonces le daban al Maestro.
Quienes publicaron los libros del Avatara siempre sacaban el mayor partido de su obra, de tal suerte que la Maestra solía decirle al Maestro Samael que recibía las migajas que caían de la mesa de sus editores.
Pero volviendo a los primeros tiempos, cuando el Maestro Samael empezó a divulgar su obra, tuvieron muchas privaciones y persecuciones... Es de recordarse que no tenían sino lo suficiente para sobrevivir, que sus hijos no contaban con juguetes tan siquiera. Sin embargo, el Maestro se convertía —mediante la técnica jinas— en un burrito blanco (otras veces en un potrillo), y con él podían jugar sus hijos a falta de juguetes.
Sufrió el Maestro persecuciones de parte de algunos fanáticos religiosos, así como de médicos que se molestaron sobremanera por sus curaciones milagrosas y por la difusión de su obra “Tratado de Medicina Oculta y Magia Práctica”.
En verdad que varias veces intentaron matarlo —todo mundo se quiso aprovechar—, pero como tenía la poderosa ayuda de los Maestros de la Blanca Hermandad —a quienes confiesa obedecer a lo largo y ancho de toda su obra— el Maestro Samael siempre lograba evadirlos.
El hecho es que llegó a conocer prisión por divulgar su enseñanza y fue procesado a instancia de algunos médicos.
Nos contaba la Maestra que en tal ocasión el Maestro Samael se dedicó a escribir en su celda, y en vez de reclamarles decía a sus carceleros que estaba muy contento de estar preso, pues tenía la oportunidad de concentrarse en sus escritos en la soledad de su prisión.
A final de cuentas logró ser absuelto por el tribunal que lo juzgaba. El proceso fue mencionado por el Maestro en la obra “Apuntes Secretos de un Gurú”, escrita precisamente mientras duró su juicio.
Por aquellos tiempos el Maestro Samael recibió la instrucción de crear el Summum Supremum Sanctuarium en la Sierra Nevada de Santa Marta, labor que en realidad fue titánica, pues dicho santuario fue excavado en la roca viva, con herramientas completamente rústicas.
Al principio de su obra, declaraba que no pretendía crear instituciones, sino que el estudiante debería aprender a viajar con su cuerpo astral y recibir instrucción directa de los Maes­tros en los mundos superiores.
Después rectificó esta postura —como el vegetarianismo y muchas otras— y creó el Movimiento Gnóstico, movido a la vez por las instrucciones de la Superioridad y por la imposibilidad de contar con el número suficiente de adeptos con capacidades astrales.
Así pues, tuvo que obedecer y creó las Instituciones Gnósticas; además, estableció un Summum Supremum Sanctuarium en las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia.
~ * ~
Veamos ahora el proceso que pasó Víctor Manuel Gómez Rodríguez para encarnar a su Bendito Real Ser, el Logos Samael Aun Weor, con la amorosa ayuda de nuestra Venerable Maestra Litelantes.
Muchos son los relatos de aquellos tiempos gloriosos del Venerable Maestro Samael Aun Weor, cuando con un puñado de estudiantes realizó aquella monumental hazaña...
Por ejemplo: nos dicen que el Maestro varias veces apagó el fuego que amenazaba con consumir las fincas vecinas; que conjuraba las aguas para apagar los incendios tan dañinos a los pobladores de la sierra, o bien, que invocaba al propio fuego para que éste se apagase, cual sucedió con unos tambos de combustible; que movía, generaba y disolvía las nubes; que curaba con plantas y con la sola imposición de manos; que tenía custodiado el Sanctuarium con serpientes tanto cascabel como coralillo y que le obedecían (así como también a algunos de sus discípulos) todas sus instrucciones, de lo cual hubo muchísimos testigos; etc.
Muy importante hecho ocurrió en el Summum Supremum Sanctuarium el 27 de octubre de 1954, cuando Víctor Manuel Gómez Rodríguez encarnó a su Real Ser Interior Profundo: Samael Aun Weor.
Antes de este sagrado acontecimiento, el Maestro firmaba su obra como Aun Weor —que es tanto como decir Víctor Manuel— y a partir de entonces empleó el nombre de su Padre, Samael —que equivale a Gómez Rodríguez—, pues mientras no se encarne al Ser no se tiene un apellido, no ha sido reconocido como Hijo por el Padre, ya que el Hijo debe ser uno con el Padre para que Éste se reconozca en Él, y esto sólo se logra encarnándolo, cual lo hizo nuestro Bendito Maestro.
En aquel entonces el Maestro impartió cursos para misioneros; hasta ciento veinte estudiantes llegó a tener en el Summum, mismos que eran alimentados por nuestra querida Maestra.
Todos los días se trasladaba hasta el lugar conocido como “La Quebrada”, para acarrear agua —a lomo de mula por veredas al filo de los acantilados de la sierra— para hacerle su comida a los estudiantes del Maestro, pues no había pozo ni ojo de agua en el Summum.
De todos estos estudiantes que personalmente atendió nuestra Maestra, que les dio de comer y de beber, no quedó ninguno que la siguiera apoyando cuando desencarnó el Maestro. ¡Ninguno quedó!, solía reiterar la Maestra.
El Summum Supremum Sanctuarium sirvió de Centro de Formación de Instructores durante algunos años, fue además centro de peregrinación, oración y celebración de fiestas gnósticas, y jamás se exigieron cuotas de ninguna especie.
A raíz del fallecimiento del Maestro, algunos de sus “discípulos” se creyeron más sabios que él y desobedecieron su última voluntad, es decir, que se quedaba al frente de las Instituciones Gnósticas su esposa-sacerdotisa, la Venerable Maestra Litelantes.
Muchos se auto-proclamaron maestros, patriarcas, verdade­ros herederos de la Fuerza del Avatara, etc., desbaratando con la mano izquierda lo que habían hecho con la derecha, pues se rebelaron a las órdenes sagradas de la Venerable Maestra Litelantes, su esposa-sacerdotisa, su colaboradora esotérica, la iniciadora, la matriz alquímica donde se engendró Aun Weor y luego Samael dentro de Víctor Manuel Gómez Rodríguez.
En fin, algunos se pelearon el Summum como botín de guerra después de la insurrección, del motín, de la asonada contra la Maestra, quedando por último en manos del propietario del inmueble donde estaba enclavado, de suerte que pasado el tiempo cayó en el más completo abandono... La ambición de poderes y el deseo de hacer negocio con las cosas sagradas provoca inevitablemente que los templos queden como cáscaras, sin fuerza espiritual alguna.
Así se paga la desobediencia al Maestro que les dio el conocimiento y a su heredera legítima y esotérica; sin cuya intervención, además, no sabríamos ni un ápice de Gnosis, pues ella inició esotéricamente y engendró alquímicamente a Nuestro Señor Samael Aun Weor.
El caso es que el Maestro Samael había predicho que se pelearían por el Summum y por sus libros, y que él los vería pelearse desde “arriba” por una rendijita, un agujerito.
Informó claramente a su esposa-sacerdotisa que el Summum Supremum Sanctuarium sería pasado al estado jinas antes que ser profanado, como en efecto sucedió, y así lo afirmó invaria­blemente nuestra Maestra, es decir, la Maestra de la ciencia jinas del Maestro Samael...
 
Colofón
El hecho concreto —acreditado, confesado y publicado por el propio Maestro Samael— es que nuestra bendita Maestra, la Virgen de la Ley, la Virgen del Tribunal, desposó con un curandero de la sierra, y con paciencia infinita, lo convirtió en un Hierofante Sagrado de Misterios Mayores.
“Hechos son hechos y ante los hechos no queda otro remedio que rendirnos”, según afirma el aforismo, tan citado por el Maestro Samael.
De ninguna manera pretendemos ser irreverentes con nuestras palabras, nunca en nuestro corazón intención alguna de oprobio para nuestro Venerado Maestro Samael.
Por el contrario, al conocer la verdad se nos abre la posibilidad de seguir realmente al Maestro, pues en él dio ejemplo la Sagrada Misericordia del Tribunal de la manera en que un simple ciudadano —como solía decirse a sí mismo el Maestro— se puede convertir en un Hierofante, con la intermediación divina de la esposa-sacerdotisa, Shakti manifestada.
Nuestro Maestro, con el ejemplo de su propia corrección, nos da una verdadera esperanza, ya que acreditó hasta la saciedad que “de la obscuridad nace la luz, del vicio la virtud y la rosa se alimenta del fango de la tierra”.
Con su propia vida y hechos comprueba todos los procesos iniciáticos de la Gran Logia Blanca, que pueden elevarnos desde el fango o plomo de la personalidad hasta el oro del espíritu: el mismísimo perfume de la rosa.
Así que, por ningún concepto se busca ofender o menos­preciar en forma alguna al Maestro, cuando comentamos estas debilidades iniciales, pues nosotros las tenemos mucho más sobradas, sino que se exalta la figura de su dignísima esposa, quien supo llevarlo con infinita paciencia a lo largo de un proceso —hecho a base de super-esfuerzos— para que cristaliza­ra dentro de Víctor Manuel Gómez su Real Ser Interior Profundo, Samael Aun Weor, y realizara su Gran Obra.
Gracias al fino trato de su esposa-sacerdotisa, el Abuelo adquirió buena presentación, dejó de tomar, de enamorar a las mujeres, de practicar magia negra...
Dejó de escribir el mencionado “Tratado del portafolios” sobre nigromancia y, contrariamente, escribió “El Matrimonio Perfecto”, “La Revolución de Bel”, “Tratado de Medicina Oculta y Magia Práctica”, “Rosa Ígnea”, “Curso Zodiacal”, etc., por mencionar algunas de las primeras, hasta sus obras póstumas (que son algunas, pues siempre iba mucho más adelante que los editores): “El Sendero Iniciático en los Arcanos del Tarot y Cábala”, “Para los Pocos”, “Antropología Gnóstica”, “Glosario Gnóstico”, “La Revolución de la Dialéctica” y “El Pistis Sophía Develado”.
En fin, una obra prolífica que revela los profundos misterios de la antigüedad, que pone al alcance de la mano el secreto del Gran Arcano, y por tanto, la llave de todos los poderes, otrora secreto irrevelable, impronunciable... Una obra que el propio Maestro Samael llama “El Quinto Evangelio”, y en verdad que no hubiera podido entregarse sin la intervención de nuestra querida Maestra.
El curandero que llegó de las remotas tierras donde habitan los indígenas de la Sierra Nevada, encontró en su camino a su esposa-sacerdotisa Litelantes, la experta en jinas, la Juez del Karma, la Iniciada que verdaderamente lo inicia, la que apadrina al Maestro para su ingreso en la Gran Cadena que dirige el Gran Iniciador...
La enigmática Maestra Jinas que goza de “conciencia continua”, de “conciencia consciente”, la “Virgen del Tribunal”, preparó y llevó a cabo el advenimiento del Cristo Rojo de Acuario, Hierofante más que Hierofante, Verdadero Avatara, Iniciador de una Nueva Era.
 
La desencarnación del Maestro
A raíz del fallecimiento del Maestro ―el 24 de diciembre de 1977―, algunos de sus “discípulos” se creyeron más sabios que él y desobedecieron su última voluntad, es decir, que se quedaba al frente de las Instituciones Gnósticas su esposa-sacerdotisa, la Venerable Maestra Litelantes.
Muchos fanáticos y santurrones se auto-proclamaron maestros, patriarcas, verdaderos herederos de la Fuerza del Avatara, etc., desbaratando con la mano izquierda lo que habían hecho con la derecha, pues se rebelaron a las órdenes sagradas de la Venerable Maestra Litelantes, su esposa-sacerdotisa, su colaboradora esotérica, la iniciadora, la matriz alquímica donde se engendró Aun Weor y luego Samael dentro de Víctor Manuel Gómez Rodríguez.
Uno de los aspectos que más ha afectado a las Instituciones Gnósticas —así como a todas las demás escuelas espirituales— es el fanatismo y la santurronería. Nuestra Venerable Maestra Litelantes, afirmaba que el Abuelo solía decir que de los fanáticos y santurrones lo único que había sacado eran traidores.
Sin embargo, la Maestra con su paciencia proverbial, siguió adelante con las instituciones gnósticas, las que consolidó ―después de varias defecciones de algunos estudiantes y dizque “discípulos”, incluida su propia hija― y durante 20 años dirigió con tino a sus estudiantes.
A raíz de la defección de su hija, se creó el Instituto Gnóstico de Antropología, A. C., el cual dirigió la Maestra hasta cuatro meses antes de su muerte (pues fue en octubre de 1997, cuando se firmó el acta respectiva). Dicho Instituto se fundó con la idea de entregar la enseñanza tal como la dejó el Venerable Maestro Samael Aun Weor, y servir a la humanidad sin hacer de la Gnosis un negocio.
Actualmente, al seguir otro camino los actuales dirigentes de dicho Instituto, ahora se continúa cumpliendo la voluntad de la Maestra, a través de la "Institución Cristiana-Gnóstica Litelantes y Samael Aun Weor, A. C.", en México, y en el extranjero sus correlativas asociaciones civiles, así como la "Litelantes and  Samael Aun Weor Christian-Gnostic Church", es decir, la "Iglesia Cristiana-Gnóstica Litelantes y Samael Aun Weor", todas ellas afiliadas a la Sede Mundial de las Instituciones Gnósticas, la Sede Mundial de México o Sede Patriarcal de México, donde siempre reverenciamos el Nombre de nuestros sagrados Maestros.
No es la primera vez que los Maestros abandonan unas siglas, por carecer de solidez en la enseñanza y torcer los designios de la Superioridad. Aclaramos que los estudiantes gnósticos de buena voluntad que pertenecen a cualquier sigla, no tienen la culpa de los desaciertos de sus dirigentes, y si cumplen en realidad con la enseñanza tendrán los resultados que sus reales seres esperan, la enseñanza es una y triunfante, a pesar de la incuria y malos ejemplos de los dirigentes.
Pero volvamos a las cuestiones biográficas de nuestra Gurú…
 
                                                             Su desencarnación
El proceso de desencarnación del Maestro duró tres meses, y el de la Venerable Maestra Litelantes dos años, culminando a las 20 horas 10 minutos del 5 de febrero de 1998...
Durante su enfermedad, daba mucha pena ver a nuestra Señora Litelantes, quien estando saludable cansaba a las muje­res jóvenes —las que no resistían su ritmo de trabajo— postrada ahora en la cama... También daba pena ver que algunos la consideraban una viejita enferma y no como la Maestra que era —y es—, como si estuviera chocheando y con demencia senil...
En nombre de la verdad puedo afirmar que, al menos conmigo, siempre mostró la mayor lucidez, y si bien eran impenetrables algunos de sus designios y palabras, nunca pude apreciar el más mínimo desvarío. Se entiende que cualquier persona tiene más sabiduría conforme va haciéndose anciano, con mayor razón los Maestros, que acrisolan de por sí la sabiduría del Ser, y mientras más edad tienen, más se incrementan sus poderes y su sabiduría sagrada...
Momentos antes de ser llevada al hospital para someterla a la intervención quirúrgica, tuve la suerte de verla, y al contestarme el saludo balbuceó unas palabras ininteligibles, pues el dolor era tan intenso que no la dejaba hablar.
La causa formal de su muerte fue una múltiple trombosis intestinal. A pesar de que le fue retirado el trozo de intestino afectado, ya nunca logró recuperarse... Un querido amigo le impuso los sagrados óleos.
Curiosamente, el tipo de operación quirúrgica que le fue practicada es una virtual crucifixión, pues en tal posición debe ponerse al paciente para que los médicos tengan capacidad de maniobra.
Cuando falleció, era evidente en aquella sala de velación del ISSSTE, el contraste de nuestra errática conducta con la exquisita paz y extraordinaria jerarquía que hasta el propio cuerpo inanimado de nuestra Gurú Litelantes irradiaba, esto debe quedar impreso para siempre en nuestra psiquis. Hasta el último momento nuestra Venerada Maestra nos dio una maravillosa enseñanza...
Nunca le gustaron las camionetas suburban, decía que parecían carrozas fúnebres; curiosamente, fue en una suburban habilitada como carroza en la que trasladaron sus restos mortales al crematorio del Panteón de Dolores...
Al besar su frente por última vez, momentos antes de ser cremada, se conmovió mi corazón... Su rostro seguía con aquella serenidad inefable, aquella ligera sonrisa que reflejaba la más profunda paz, la más exquisita felicidad...
¡Su sufrimiento físico estaba concluido!
Sus cenizas fueron arrojadas al mar en el puerto de Acapulco... Cuando tiré un puñado de éstas al mar, un golpe de aire hizo que un poco de ellas me llegara al rostro, quedando en mis labios una pequeña porción, su sabor era ligeramente salado...
Al pegarles la luz del sol brillaban con tonos dorados, parecía que echásemos oro molido al mar...
Oro sin mancha, oro sencillo, oro sin mezcla, oro sagrado —Horus, Aurus, Oro encarnado—, oro perfecto eres tú, ¡oh, Bendita Maestra Litelantes!...
¡Todo está consumado! “Mortis coronat opera”.
 
                                                   Su legado para la humanidad
Su sagrada herencia es tan extraordinaria como misteriosa, inescrutable...
Sin embargo, se puede decir que el principal regalo que le dio a la humanidad fue levantar a ese Coloso de la Alquimia, el Más Grande Cabalista y Alquimista moderno, ese Maestro Trascendental, el Buddha Maitreya, el Kalki Avatara de la Nueva Era Acuaria: el Venerable Maestro Samael Aun Weor. ¡Salve, Cristo Rojo de Acuario!
Nuestra Madrecita llegó a decir que el Maestro escribió apenas el 5% de lo que sabía. Cuando una dama le insistió en que hablara sobre el restante 95%, respondió: Esfuércese usted en saberlo, si no saben ni siquiera del 5%, ¿cómo quieren saber lo demás? Así que nos enseñó que la verdad, la terrible realidad, es que estamos muy lejos de saber siquiera el 5% de ese 5% del que habló el Maestro, y más lejos todavía de experimentarlo.
Sin embargo, a la vez nos enseñó que los Maestros quieren que nosotros vivamos con naturalidad y sencillez la enseñanza, que tengamos fe, para que algún día alcancemos las grandes metas que para nosotros tienen designadas. (Sin más armas que su fe en Jehová Sabaoth y una pequeña piedra, David derrotó a Goliat).
Eso es lo que la Maestra vino a enseñarnos: A tener fe, a ser fuertes en el Señor, a morir con tal de ver el rostro del Señor, a morir en nuestros pecados, egos o demonios internos, para que nuestro Señor el Cristo nazca en cada uno de no­sotros.
Su enseñanza fue del corazón, no del intelecto, no de la sabihondez, no de la santurronería, no del fanatismo, no de la ambición, no de la explotación del prójimo...
Fue la enseñanza del corazón ardiente por el fuego crístico, el fuego sagrado que nos lleva más allá del bien y el mal, el quemante fuego del rigor, de la severidad, y a la vez del perdón y la misericordia; la enseñanza del corazón lleno del fuego exquisito del Fiel de la Balanza, terrible fuego de Amor y Ley.
¡Bendito seas, fohat sagrado, inefable fuego devorador, rosa ígnea, rosa de la crística cruz, exquisito fuego de nuestra Señora Litelantes!
En verdad que sólo con el corazón podremos comprender y vivir esta maravillosa enseñanza. Oyendo la voz del corazón podremos escuchar el latir del universo, como nuestra querida Maestra lo hizo.
Siguiendo la magistral enseñanza de nuestra bienamada Señora Litelantes, aprenderemos a vivir la vida, pues como ella solía decir: La universidad de la vida es la más difícil de todas; para eso estamos aquí, para aprender a vivir.
Recordemos que el Maestro insiste en que la iniciación es la vida misma, por tanto, aprobar dicha universidad equivale a alcanzar la verdadera iniciación.
Todos los Grandes Señores que en el mundo han sido, han depositado cierto número de valores en nosotros... ¡Quiera Dios que fructifiquen en nuestros corazones!
¡Bendita seas, Madre nuestra Litelantes! ¡Todo pasará, pero tus palabras crísticas no pasarán! ¡Tu divina enseñanza, tu sagrada Iglesia permanecerá para siempre!
¡Bendita seas por todos los siglos, Señora Litelantes, raíz de la luz, luz de la luz, luz bendita, luz sagrada, luz inmortal!...
¡Sí, ven presto con tu hermano Jeshua! ¡Sea El Señor del Juicio con nosotros! ¡Amén!

Fiat Justitia, ruat coelum
(Hágase Justicia aunque se hunda el cielo)

 
¡GLORIA A LITELANTES!

¡Gloria a ti, Litelantes,
Madrecita nuestra Divina!,
con roble y encina
formas los Hierofantes.

La severidad de la Ley
tornaste misericordia,
diste corona al Rey
y al pueblo concordia.

Las aves tu nombre cantan:
¡bella melodía de luz!

¡Las tinieblas se espantan
de la rosa en tu cruz!
Design downloaded from