Nos comentaba la Maestra que en cierta ocasión el Abuelo salió una tarde de casa y le dijo: Voy a salir, Negra, pero va a venir a visitarla un amigo mío.

Ella se quedó haciendo sus labores, era temprano todavía, propiamente la media tarde, cuando de pronto todo oscureció... Planchaba entonces la Maestra junto a una ventana y de repente no se veía absolutamente nada hacia afuera, tampoco dentro de la casa se veía con claridad, le costaba trabajo verse las manos.

En medio de aquella oscuridad empezó a oírse un tropel de caballos que entraban a la casa y la cimbraban, parecía un temblor... Quien la visitó fue nada menos que Andramelek, y al retirarse volvió la luz a la casa y se pudo ver con claridad hacia la calle.

Al regresar el Maestro a casa le preguntó: ¿Qué le pareció mi amigo, Negra? Ella le contestó que no volviera a invitar a esa clase de “amigos” a casa.

No habló más la Maestra sobre su encuentro con el “amigo” del Maestro, lo que sí afirmó es que no sintió temor alguno y que el Abuelo nunca más hizo invitaciones de esa naturaleza.

Mencionaba la Jefita que el Maestro Samael siempre hablaba con afecto de sus “hermanos de abajo”, pues él venía de allá mismo y su Padre lo sacaba enérgicamente cada vez que quería regresar, según el propio Maestro lo afirmó (véase su obra “Sí Hay Infierno, Sí Hay Diablo, Sí Hay Karma”); también decía que de los demonios surgen los ángeles y viceversa.

El más famoso de todos sus amigos de allá abajo fue Belcebú, a quien el Maestro Samael, con su amor y paciencia, ayudó a salir del abismo —donde renunció a sus grados y poderes negros— y encarnarse en Francia en un cuerpo de mujer para luchar por la auto-realización íntima del Ser, según relata en su maravillosa obra “La Revolución de Bel”, editada en 1952.

A este propósito, desde que leí la obra me surgió la siguiente duda: Si Belcebú se encontraba en el proceso involutivo de los mundos infiernos —proceso que por ley culmina con la muerte segunda—, luego entonces, ¿cómo era posible que no hubiese pasado por la muerte segunda y se le permitiese encarnar en cuerpo de mujer? ¿Por qué se hizo esa excepción a la ley de evolución-involución?

Gustave Doré - Los tres Jueces del Infierno

Un “perito” en la enseñanza del Maestro —que casi se sabía su obra de memoria— me contestó que esto se debía a que “una ley superior lava a una ley inferior”, y en el caso se aplicó la misericordia del Tribunal del Karma.

Repliqué entonces que, conociendo un poco de Derecho, me parecía que la misericordia se aplica en todos los casos, y que del balance entre la misericordia y el rigor surge el equilibrio del Tribunal, es decir, la decisión final.

No supo qué contestar a mi réplica, por lo que seguí con esta importante duda, hasta que tuve ocasión de preguntarle a nuestra querida Maestra, quien me dio la siguiente explicación:

Que la razón de esa excepción a la ley de evolución-involución, se debía a que estábamos al final del ciclo, al final de los tiempos, por lo que el Sagrado Tribunal autoriza que los demonios puedan salir del averno y encarnarse, sin pasar por la muerte segunda, a fin de que se definan por la auto-realización íntima del Ser o por su regreso a los mundos infiernos, con mayor castigo, por supuesto, ya que desaprovecharon la oportunidad que el Tribunal les brindó.

Asimismo, me informó que el caso de Bel es el prototipo de muchos de nosotros, particularmente de los que gustamos de estos conocimientos, y que el Abuelo también nos había sacado.

Estamos al final del ciclo, al final de los tiempos...

Por lo que el Sagrado Tribunal autoriza que los demonios puedan salir del averno y encarnarse, sin pasar por la muerte segunda, a fin de que se definan por la auto-realización íntima del Ser o por su regreso a los mundos infiernos, con mayor castigo, por supuesto, ya que desaprovecharon la oportunidad que el Tribunal les brindó.

Volviendo al tema de los amigos del Maestro, nos comentaba su esposa-sacerdotisa que cuando el Abuelo empezó a dar la enseñanza, sus verdaderos amigos eran magos negros definidos —de esos que tienen pacto con el diablo, según enfatizaba la Maestra—, y que en realidad de verdad les tenía más confianza a ellos que a los “hermanitos” gnósticos, y así lo demostraba, pues cuando salía de viaje le encargaba a sus amigos “negros” que vieran por su esposa y sus hijos, lo cual hacían con mucho afecto y respeto.

Mencionaba la Maestra que estos amigos del Maestro eran de lo más respetuosos y honrados, que cuando salía fuera de la ciudad con el Maestro y sus hijos les encargaba la casa y que a su regreso nunca faltaba nada, y si se moría un pollo se lo dejaban colgado, para que viera el Abuelo que no se lo habían robado.

Además, nos refería la Maestra que estos amigos —amantes de la magia negra— le comentaban al Maestro que era la pura verdad lo que él enseñaba, que por cosa cierta lo tenían, pero que desafortunadamente no podían seguirla porque ellos ya tenían empeñada su palabra allá abajo y no podían echarse para atrás.

Para que vean —nos decía la Maestra—, que esas personas tienen más palabra que ustedes, que dicen seguir la enseñanza de la Blanca Hermandad (véase entrevista en el Monasterio de Castelldefels).

En fin, nuestro Venerable Maestro siempre tuvo amigos de lo más terrible, decía que con ellos sabía a qué atenerse, que si le daban su amistad era para siempre y que nunca le insistían en que se fuera al abismo junto con ellos, pues su amistad era en verdad desinteresada.

Mencionaba también la Maestra que nuestro Maestro tuvo algunas amigas brujitas, particularmente una que quería mucho al Abuelo, con la que trató al final de su vida.

Esta Señora visitaba al Maestro en una forma muy singular: llegaba al estudio del Maestro (que se encontraba en el segundo piso de la última casa donde vivió) en forma de cuervo, parándose primero en la ventana y después brincaba dentro del cuarto y se convertía en la dama que era, así que de repente el Maestro tenía visita sin que tocara tan siquiera a la puerta de la casa.

Por cierto que la Maestra la ponía a trabajar (barrer, trapear, etc.), porque con tanta visita empezó a aburrir a los Maestros, hasta que de plano un día el Maestro le puso la espada y no regresó más.

No nos extrañe que el Maestro Samael haya tenido amigos entre demonios y magos negros, pues él mismo afirmaba que mientras no eliminemos absolutamente al ego todos somos más o menos magos negros; es decir, aún quienes hayan tenido iniciaciones en los Misterios, siguen siendo más o menos magos negros mientras no eliminen totalmente al ego y hasta las mismas semillas del ego.

Asimismo, decía nuestro Maestro que en verdad todos nosotros somos demonios, gentes perversas, y que todo aquel que acepte esta espantosa verdad empieza a morir de instante en instante y si no se acepta esta espantosa verdad, resulta imposible disolver el yo (véase el “Supremo Gran Manifiesto Universal del Movimiento Gnóstico”).

Tal como nuestro Señor Jesucristo (que tomaba vino y trataba con las prostitutas y los publicanos), quien no vino a llamar a los justos sino a los pecadores al arrepentimiento, igualmente nuestro Señor Samael Aun Weor, vino a sacarnos de nuestras tinieblas, cual sucedió con nuestro hermano Bel (véase “La Revolución de Bel”).

Siguiendo su doctrina, ¿qué otra cosa somos sino 97% demonios y apenas 3% ángeles? Así que nuestro bienamado Maestro nos vino a dar la enseñanza para que salgamos del estado demoníaco y alcancemos el estado angelical.

¡Bendito seas Venerable Maestro Samael, que nos das generosamente tu amistad y tu amor!